Bardenas Reales Destacado

El Parque Natural y Reserva de la Biosfera de las Bardenas Reales es un extenso territorio (41.845 ha) semidesértico y despoblado situado en SE de Navarra. Sus características ambientales lo convierten en uno los espacios más singulares de Europa, lo que, unido a la belleza de sus paisajes, origina una gran afluencia de visitantes.

Bardenas Reales: Parque Natural – Reserva de la Biosfera

Fotos y texto cedidos por C.I. de Bardenas Reales


A pesar de su apariencia desnuda e inhóspita, esconden grandes valores naturales. La alternancia de litologías de distinta dureza (arcilla con calizas, areniscas o yeso) en la que predominan claramente los materiales blandos (arcillas y limos) y su disposición subhorizontal, han permitido actuar a la erosión rápida e intensamente, dando como resultado una gran depresión, La Blanca, enmarcada por un conjunto de relieves tabulares, que son El Plano por el Norte y una serie de planas escalonadas por el Sur, cuyo mayor exponente es la Negra. En la Bardena Blanca, la fuerte erosión sufrida por los suelos predominantes (margas limosas) ha esculpido formas caprichosas en el relieve, donde predominan los barrancos sinuosos y las zonas llanas, con rellenos de fondo de valle, de los que sobresalen los cabezos (cuyo exponente más espectacular es el cabezo de Castildetierra). El principal atractivo del Parque es la naturaleza.

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Aunque suene a tópico, es evidente que Navarra es un territorio de fuertes contrastes ambientales, provocados por una variedad climática que oscila entre los húmedos valles del Noroeste y las estepas semidesérticas del Sur. Esta diversidad de ambientes ha originado la existencia de zonas naturales representativas, de gran valor ecológico. Una de estas joyas emblemáticas son las Bardenas Reales, así reconocidas por su declaración de Parque Natural y Reserva de la Biosfera.
A pesar de ser popularmente conocidas como un desierto, desde los albores de la Historia estas tierras han conocido la presencia humana. Los vestigios de castillos y fortalezas nos dan idea de las rivalidades entre reinos medievales fronterizos y de la lucha contra las partidas de bandidos legendarios. Pero, sobre todo, han sido el escenario del esfuerzo cotidiano de las gentes que utilizaban la Bardena para cubrir sus necesidades, entre los que ocupan un lugar destacado los pastores, y, más recientemente, los agricultores.

En los últimos años, a las actividades tradicionales, se ha unido un nuevo uso, propio de una sociedad desarrollada y urbana: el turismo. El gran atractivo del “desierto cercano”, con un paisaje difícil de encontrar en otro lugar de Europa, ha provocado un aumento constante de visitantes. La Comunidad de Bardenas Reales, entidad que durante siglos ha gestionado los aprovechamientos de este territorio, tiene ante sí un importante reto: hacer compatible el turismo con la conservación de los recursos naturales y el respeto a los usos tradicionales.
La señalización de rutas (BTT, motor y peatonal), promovida por la Comunidad de Bardenas, es una actuación encaminada a ayudar a los visitantes que quieran conocer esta tierra, pero también un intento sincero de adoptar medidas que eviten que una afluencia mal regulada, provoque un deterioro que nadie desea.

 

Cuando el gran desierto era un lago

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Durante millones de años el Valle del Ebro y el territorio de las Bardenas fue una gran zona lacustre, cerrada por cadenas montañosas. Estas áreas encharcadas estaban rodeadas por bosques, los cuales ocupaban una mayor o menor superficie alrededor de las masas de agua en función de los cambios climáticos.
En este ambiente proliferaban los organismos acuáticos y ripícolas. Se han encontrado restos fósiles de cocodrilos, carpas, anfibios, flamencos, tortugas (4 especies, 2 de ellas nuevas para la ciencia), castores y antracotéridos (rumiantes extinguidos similares al hipopótamo). Además de estos restos de organismos que se depositaron en el mismo medio en el que vivían, se han encontrado otros que fueron transportados por las corrientes hasta la zona central de los humedales: restos de erizos, musarañas, murciélagos, tres especies de lirones, eomíidos (roedores extinguidos), hámsters, ardillas, conejos, pequeños rumiantes, suidos (de la familia de los cerdos y jabalíes) y rinocerontes.
Alrededor de las masas centrales de agua pastarían los grandes vertebrados, como los mastodontes (de la familia de los elefantes), de lo que dan fe los restos fósiles encontrados en la cercana localidad de Monteagudo.
En cuanto a la temperatura, ésta debía ser mucho más cálida que la actual o, al menos, sin períodos fríos, como así lo demuestra la presencia de muchos restos fósiles de animales poiquilotermos (que dependen del calor exterior para calentar su cuerpo), como por ejemplo los cocodrilos.

Los orígenes del paisaje actual

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Durante el Terciario inferior (hace unos 38-26 millones de años) el choque  de las placas Europea e Ibérica produjo el plegamiento que generó los Pirineos, la Cordillera Ibérica y la sierra de los Catalánides. La elevación de estas tres cadenas montañosas, creó una inmensa cuenca cerrada, limitada por cordilleras, situada en lo que hoy conocemos como Valle del Ebro.
A esta depresión llegaban los cursos de agua torrenciales procedentes de las abruptas montañas, donde, debido a su carácter cerrado, se acumulaban grandes masas de agua. Al centro de la cuenca los ríos llegaban ya con muy poca fuerza y en esta zona se depositaron principalmente arcillas, margas y calizas, aunque esporádicamente podía llegar alguna masa de agua más energética que depositaría niveles de areniscas. En los aledaños de las elevaciones montañosas, las masas de agua tendrían mayor energía y depositaron conglomerados y areniscas, como por ejemplo los que afloran en los alrededores del Perdón y Arnedo. De esta manera se llegaron a acumular espesores cercanos a los 4.000 metros. Las actuales Bardenas se localizarían en la zona central de la cuenca.
A finales del Mioceno (hace unos 9 millones de años) se abrió la cuenca por los Catalánides, y de esta manera el principal curso fluvial encontró salida al mar (Mediterráneo) y comenzó a socavar los materiales depositados anteriormente, naciendo el río Ebro. La cuenca comienza a erosionarse, modelando paulatinamente el paisaje y generando los cabezos y barrancos que se pueden observar en la actualidad. Los cabezos se han producido debido a que en la parte superior poseen rocas duras (areniscas, originadas a partir de arena) más resistentes a la erosión, las cuales han protegido a las rocas subyacentes que son más blandas (sobre todo arcillas). Posteriormente (1,6 millones de años), los grandes ríos de la zona, Aragón y Ebro, acumularon enormes depósitos de materiales aluviales, formando terrazas tan extensas como el Plano.
Estas tierras pertenecieron al patrimonio de los Reyes de Navarra que, desde el siglo IX fueron cediendo derechos de uso a diversas poblaciones.

Más información:

C.I. de  Bardenas Reales
Entrada desde la NA-134, km 15,1
Carretera del Parque Natural, S/N.
Km 6. 31.513 Arguedas (Navarra)
Teléfono: 948 83 03 08
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www.bardenasreales.es

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