Junio 03, 2020

Laponia es una región geográfica del Círculo Polar Ártico que se extiende por cuatro países: Finlandia, Noruega, Suecia y Rusia. Un lugar mítico, hogar del pueblo Sami, de renos y de Santa Claus. Un territorio donde reina la naturaleza por encima de todo.
En este nuevo periplo contaremos nuestra visita a Ivalo, un pueblo del municipio de Inari, situado en la Laponia Finlandesa, el extremo más septentrional de Europa. Inari es una de las áreas de Finlandia más grandes y menos pobladas del mundo.

LAPONIA,  una remota tierra polar

Por Nuria Araguás y A.B.S. Fotos cedidas por  ©Visit Finland y Evasión

Organizar un viaje en ese lado del planeta requiere en primer lugar, elegir una fecha en función de las vivencias que busquemos. Es tierra de temperaturas bajo cero en invierno, que oscilan normalmente entre los -15ºC y -30ºC, donde el sol no llega a salir y la noche polar se presenta con una extraña luz azulada que se conoce como “Kaamos”. Es también, tiempo de auroras boreales, que llenan el cielo de magia y de color.

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© Vastavalo / Jani Seppänen / Visit Finland

En verano, el sol no se pone y el día no acaba nunca, se disfruta de 24 horas de luz solar durante casi tres meses. Es lo que se llama el “sol de medianoche”, un fenómeno que permite realizar muchas actividades y de gran contraste en relación a los meses de invierno.

Elegimos la segunda quincena de marzo, donde el sol nos acompañó durante la mayor parte de nuestra estancia, con dulces nevadas por la noche. Volamos desde Madrid a Helsinki, donde un vuelo charter de la aerolínea Finar nos llevó hasta Ivalo.

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© Rob Smith / Visit Finland

Ivalo constituye la puerta de entrada al norte de Finlandia, siendo el centro administrativo del municipio de Inari, que concentra más población y por tanto, donde se hallan más variedad de servicios al norte de Laponia.

Sobrevolar y aterrizar en la inmensa llanura blanca de ese pequeño aeropuerto, resulta inquietante y enseguida percibimos lo esperado, una vasta tierra inhóspita. Una pequeña avioneta es el único aparato, además del nuestro en aquel desolado aeropuerto. Bajamos la escalinata y nos dirigimos a un pequeño edificio, al que caminamos sobre un pavimento de nieve y hielo,  “Ivalo Aeroport”. El atardecer nos hechiza. Hace bastante frío, aunque no es tan horrible como creíamos, si se va bien equipado.

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Un transfer que contratamos desde Madrid nos espera, y recorremos en una soledad absoluta unos 11 Km, por una carretera blanca e infinita que se pierde en la distancia. Atravesamos algunos bosques y páramos nevados que terminan constantemente en inmensas y níveas llanuras. Son paisajes salvajes, donde viven los Samis, el pueblo lapón, que cría manadas de renos y huskies.

Una hilera de edificios de dos alturas aparecen a ambos lados de la vía, todo se halla cubierto de nieve no se distinguiéndose, la acera de la carretera. No circulan coches ni peatones, predomina la quietud y el silencio. Estamos en Ivalo.

Ivalo no tiene un centro propiamente dicho, las casas de baja altura se disponen en amplias avenidas. El río Ivalo atraviesa la localidad. Vemos dos grandes supermercados en los que se vende de todo, (comida, utensilios de todo tipo, ropa, souvenirs, etc.), algunas pequeñas tiendas, un pub, un bistro, una pizzería y dos restaurantes que se hallan dentro de los dos hoteles del pueblo.

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©VisitFinland

Para trasladarse por las calles, sus habitantes utilizan una especie de pequeño trineo, que a modo de patinete, se desliza. Incluye una cesta, que permite el transporte de bolsas o equipajes.

Nos alojamos en los apartamentos del Kultahippu Hotel, que al tener entrada directa por  calle nos hace sentirnos parte del vecindario. El ocio se halla en la amplia oferta de actividades y excursiones que se pueden programar, ya sea desde el lugar de origen (Madrid, en nuestro caso) o desde el mismo hotel cuando llegamos.

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Inari. ©VisitFinland

Desde Madrid fueron dos las actividades que reservamos previamente: motos de nieve y el safari con huskies. Lo hicimos en www.laplandwelcome.fi y www.ivalosafaris.fi. Recomendamos echar un vistazo y ver la amplia oferta para realizar un buen planning. En www.extremehuskis.com, además de safaris de 2 ó 4 horas,  organizan salidas en trineo de 2, 3, 4 ó 5 días. Una magnífica manera de experimentar y de disfrutar de la naturaleza de Laponia, además de aprender sobre la vida de los perros de trineo.

El avistamiento de auroras boreales es todo un imprescindible, y que se debe programar una vez estemos instalados, ya que es importante elegir el día en el que exista más probabilidad de éxito, siempre asesorados por guías expertos. De esta manera aseguras, en cierto modo, poder contemplar tan extraordinario fenómeno.

En la recepción del hotel hallamos folletos con todo tipo de actividades e itinerarios.

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Saariselka © Rob Smith / Visit Finland

Varias parejas y grupos reducidos llegan de pescar en hielo, bañarse en un lago helado, hacer un recorrido en trineo o de probar la auténtica sauna finlandesa. En un ambiente distendido y agradable comparten experiencias al calor de una buena chimenea.

Contratamos nuestra primera salida: un paseo por la tundra finlandesa.

Es aconsejable tener buenos guantes y vestirnos con varias capas para protegernos del frío, la humedad y el viento. Todas las actividades incluyen equipamiento, esto es, un mono térmico, botas y guantes, por si las que llevamos no son apropiadas. Encontraremos temperaturas que pueden llegar a los -25ºC bajo cero, pero no es tan terrible como parece y además forma parte del viaje.

Con unos esquís cortos y anchos, semejantes a los que antaño se utilizaban para viajar y cazar, salimos a descubrir nuevos parajes en nieve profunda. Dos metros de nieve virgen es lo habitual por estas latitudes. Unos cuantos consejos del monitor y unos minutos de práctica, fueron suficientes para hacernos con la técnica.

Comenzamos a deslizarnos despacio con cada paso por las llanuras de blanco impoluto, salpicadas de cuando en cuando de algún núcleo de árboles dispersos. A pesar del frío el ejercicio ayudó a aclimatarnos. El pasamontañas fue elemento fundamental para el gélido viento. Tuvimos la impresión de ser los primeros en pisar este rincón del planeta. Volvemos al silencio único y habitual que reina en esta región, donde la vida no ha sido fácil para el ser humano, y al que sin duda, no estamos acostumbrados. Es todo un regalo para los sentidos.

La actividad fue un buen comienzo para aproximarnos a los páramos y observar huellas de conejos y zorros. No es necesario estar en buena forma, aunque se ofrecen varios recorridos, todo depende de la dificultad que se exija. La contratación la hicimos con la empresa Northern Lights Riders, y el guía se adaptó a nuestras peticiones.

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El itinerario lleva a Kaunispää, una colina sobre el pueblo de Saariselkä, de fácil acceso que se encuentra a unos 400m sobre el nivel del mar. El mirador ofrece unas magníficas vistas de la Reserva Natural de Sompio, el Parque Nacional Urho Kekkonen y el área de Hammastunturi. Tras un reconfortante menú caliente a base de carne de reno y sopa de salmón, visitamos las calles de Saariselkä, abarrotadas de nieve. Encontramos un ambiente animado y una amplia oferta de alojamientos y ocio. No es para menos, puesto que las colinas que nos rodean, ofrecen un paisaje ártico incomparable, bosques y lagos helados, idóneos para realizar todo tipo de aventuras.

En definitiva, Saariselkä es un destino donde disfrutar de unas buenas vacaciones. Se encuentra a 25 Km del Aeropuerto y se sitúa entre Ivalo al norte y Rovaniemi al sur, beneficiándose de la frecuencia de autobuses entre estos dos puntos. También alberga una estación de esquí alpino bien equipada, y 200 kilómetros de pistas de esquí de fondo. Elijamos o no este emplazamiento, una excursión que resulta obligada, sobre todo si se viene con niños, es la visita a Rovaniemi, cuartel general de Papa Noel.

Al caer la tarde volvimos a nuestro hotel, al día siguiente nos esperaba la visita a una granja de renos en moto de nieve.

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© Visit Finland

 

Nos trasladamos a Saariselkä, donde nos equipan con el  mono habitual, manoplas, casco, botas y un pasamontañas. Se puede ir conduciendo solo, o en pareja, pero el precio es diferente. Una vez preparados, tras unas indicaciones de un guía profesional y con un radiante día de sol, arrancamos…

En un principio, llevar la moto requiere toda nuestra atención, pero enseguida comenzamos a disfrutar de los sobrecogedores paisajes. Nos seguimos a una distancia prudencial, adentrándonos en estrechos y sinuosos caminos. Atravesamos espesos bosques donde la nieve deja asombrosas formas sobre ramas y copas, subimos, bajamos lomas y rodeamos lagos congelados. Divisamos algunos renos entre la escasa vegetación, señal de que estábamos llegando a la granja. Con el traje tradicional, un sami sale a nuestro encuentro y nos da la bienvenida.

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Más de 200.000 renos viven en Laponia y el pueblo sami ha obtenido de este animal todo lo necesario para vivir. Los renos campan en libertad desde en invierno hasta el verano, que los agrupan y pastorean. Por ello, es posible verlos dispersos al realizar alguna actividad. Durante la visita a la granja, les dimos de comer, lanzamos el lazo de caza al estilo lapón y manejamos un trineo de renos.

Una vez en la cabaña, tomando un café, conversamos con un familiar de la hacienda para conocer más a fondo esta cultura indígena y la cría del reno. Aunque mantienen vivas sus tradiciones, pasándolas de generación en generación, ningún sami vive actualmente de un modo totalmente tradicional. Lo que es claro, es que viven rodeados de naturaleza, la cual ha tenido, y tiene, y un papel fundamental en sus vidas.

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Así como el reno, del que se aprovecha prácticamente todo, el salmón, es su alimento favorito y forma parte también de la vida de los samis.

Entre sus ancestrales costumbres, se encuentra la pesca en lagos helados. Hoy por hoy es otra de las prácticas favoritas de los que visitan estas tierras. Los samis son una de las culturas nómadas más antiguas que existe. Nos encantan sus trajes elaborados con piel de reno, de múltiples colores, que contrastan fuertemente con el gélido paisaje.

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©evasión

Regresamos a nuestra moto de nieve y reanudamos la marcha. En 15 minutos llegamos a una gran tienda circular de piel, en cuyo interior, nos sentamos con inmenso placer en torno a una gran hoguera. Sobre el fuego, una rejilla hace de parrilla. Degustamos salchichas, pan y una especie de empanadillas de espinaca. Con nuestro guía y chef, pasamos un rato muy agradable al calor de las llamas. Sobre las 3 pm volvíamos a Ivalo. En el trayecto nos cuenta que el mejor amigo de los habitantes de este lugar ha sido el huskie, que les gusta correr y sobre todo, la compañía de la gente. Pero todo esto, lo descubrimos en lo que fue la siguiente actividad; Safari en trineo con huskies.  Extreme Huskies, ofrece en Ivalo uno de los safaris de husky más auténticos.

A las 12:30 pm nos recogen en un minibus. Los ladridos exaltados de los perros nos dan la bienvenida. Nos recibe el guía que nos acompaña a una caseta para equiparnos, como ya es habitual. Con una bebida caliente, sentados de nuevo alrededor de unas brasas, nos hablan de la vida y entrenamiento de estos fantásticos animales del Ártico, que nos llevarán a través del hermoso paisaje de Laponia.

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© Visit Finland

Viajamos en parejas. Una persona se acomoda sentada delante en el trineo mientras el compañero lo dirige de pie en la parte trasera. A mitad del camino, se cambian de posición para disfrutar de ambas experiencias. Llevarlo, es sencillo. Solo hay que mantener el equilibrio con un pie en cada patín, y accionar el freno (una placa de hierro dentada, que se clava en la nieve), si fuera necesario. Un inconveniente, es que no se puede adelantar, ya que los perros se pueden enlazar, así que, básicamente consiste en mantener la distancia a varios metros con el trineo que va delante presionando el freno cuando nos acercamos en exceso.

Las cuestas, también nos ponen en un aprieto, ya que en ocasiones, hay que ayudar a los perros y empujar. Algo muy importante es que no se pueden quitar las manos del trineo, ya que los perros pueden salir corriendo con tu compañero sentado dentro. Aunque parece complicado, no lo es.

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©VisitFinland

Cuando todos estuvimos listos, fueron soltando a los perros, en caravana detrás del trineo guía. Los inicios, fueron inquietos, casi adelantamos al guía, los perros se ladraban unos a otros, y, además, el hielo hacia resbalar el pie, e impedía accionar el freno. Total, pasamos un pelín de tensión (ambos tripulantes) que se empezó a disipar a medida que avanzábamos en tan idílico paisaje, sumergidos en un escenario de película, cuyo único sonido era el deslizar del trineo. Una aventura con momentos muy especiales, que se han quedado para siempre en nuestros recuerdos.

Para los más intrépidos, se realizan safaris de varios días, atravesando buena parte de la región, conviviendo con estos increíbles animales.

Una experiencia inolvidable, sin saber aún que nos quedaría por vivir, la  más increíble de todas: la observación de las Auroras Boreales.

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© Visit Finland

La aurora boreal, es un fenómeno natural, que ocurre cuando las partículas cargadas procedentes del Sol, chocan con el campo magnético de la Tierra. Se dirigen hacia los polos y colisionan con átomos de oxígeno y nitrógeno, provocando que capten un electrón. Al liberarse ese electrón, devuelve la energía adquirida en forma de luz, y que, dependiendo de la intensidad y longitud de onda, provoca el color del destello que vemos. Según los expertos, la mejor época del año para observarlas es, desde finales de septiembre hasta marzo. Sin embargo, hay que tener en cuenta, que al depender de la actividad solar, resultan impredecibles.

Pusimos todo nuestro empeño, y contratamos la actividad con Northern Lights Riders. Recuerdo una conversación, en la que alguien me comentó en el avión, que no eran tan espectaculares como se pintaban. Es obvio, que cada uno habla desde su experiencia, y me encantaría volver a encontrar a esta persona para contarle la mía.

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© Visit Finland

Nos recogieron a las 7.45 pm (sólo se ven de noche y con cielos despejados), nos equipamos como de costumbre y…  ¡al microbús! Estábamos expectantes, sabíamos que no era una misión fácil. Hicimos muchos kilómetros, mirando constantemente por la ventana. Vimos estrellas y una luna increíble que nos permitía contemplar un cielo despejado. Paramos en una colina en la que habían estacionados otros vehículos buscando el mismo objetivo. El frío no permitía pasear mucho, y de cuando en cuando, había que volver al abrigo del microbús, que se quedaba en marcha y con la calefacción encendida.

No conseguimos avistar nada y retomamos carretera. Nos desplazamos a otros 50 Km al norte. Siempre atentos, continuamos mirando al firmamento cada vez más oscuro. A lo lejos, una mancha blanca vertical, semejante a la Vía Láctea. Al tomar una foto, la imagen contenía un ligero color verdoso muy poco perceptible. En efecto, era una aurora boreal, pero nos decepcionó en tamaño y tonalidad.

Seguimos aún unos cuantos kilómetros, y siempre agradeceremos la perseverancia del guía. Nos paramos por segunda vez en una gran explanada a un lado de la carretera por la que, como es lo habitual, no circulaba ni un alma. El guía nos hizo bajar, y la noche, la luna y el blanco infinito nos ofrecían, ya de por sí, un cuadro insólito. Hacía muchísimo frío, -25ºC nos dijeron. La vista, empezó a acostumbrarse, y un pequeño aviso nos hizo mirar hacia un lateral… ahí estaba…. un río de polvo verde intenso vertical… desapareció enseguida… Otra luz más intensa comenzó a aparecer, esta vez en el cercano horizonte, formando ondas horizontales que serpenteaban .… Se acercaron muy rápido cambiando de color, hasta situarse justo encima de nuestras cabezas.

Parecía un baile de luces, se oían gritos de emoción. Corrió muy deprisa como una tela que ondulaba y cambiaba de tonos verdes a rosas, a violetas, mientras al fondo, la luna resplandecía. Llegaron más auroras boreales, aparecían y desaparecían, ésta vez en vertical… no daba tiempo a asimilar lo que estábamos viendo… era magia… se volvían a ir… mirábamos a ambos lados … más allá… en la lejanía, un verde vivo... La mayoría del cielo se llenaba de bandas y rayos de luz que se trasladaban de este a oeste cambiando de forma, una y otra vez. Nos rodeban en silencio. No existen palabras para describir lo que vimos…  Comenzaron a llegar más coches, probablemente alertados por nuestro monitor. Cámaras, objetivos…  Cuando parecía haber parado, fuimos a tomar algo caliente al microbús. Al cabo de unos minutos volvimos a oír voces … salimos de nuevo,  y ahí estaban otra vez … iban y venían, se desplazaban... Tomamos fotos con el móvil, pero al no tener trípode, salieron bastante movidas. El guía nos hizo algunas con su cámara que ahí os dejamos… En ellas parece de día, pero no es así, será efecto del flash, es noche oscura aunque la luna es blanca y muy brillante.  Fue algo prodigioso.

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Regresamos hipnotizados, con una imborrable sonrisa. Nunca olvidaremos la experiencia. Nos sentimos muy afortunados. Llegamos al hotel a la 1.30 am.

Por la mañana, recordando las imágenes intactas de la noche previa, grabadas a fuego en la memoria, visitamos Inari.

Inari es un pequeño pueblo situado a orillas del lago homónimo. El Lago de Inari es el más grande de Laponia y cuenta con unas 3000 islas. Este municipio, tiene una riqueza natural y cultural extraordinaria. Alberga el Museo Sami y el Centro de Naturaleza Siida, un lugar para aprender más sobre este pueblo indígena, la artesanía local y el pastoreo de renos. En el interior, una tienda nos ofrece artículos relacionados con el arte Sami.

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Una vez fuera, resulta muy grato pasear por el lago helado y reencontrarnos con esa naturaleza salvaje, que nos ofrece en solitario un paisaje inhóspito.

También aquí se realizan todo tipo de actividades, en cualquier época del año, siendo un destino popular tanto en verano, como en invierno entre finlandeses y extranjeros.

Degustamos las delicias gastronómicas de Inari, en un hotel restaurante llamado Kultahovi. Un hotel de calidad, con mucha historia y una excelente restauración. Fue fundado en 1937 y se halla junto al río, a 850 metros del Centro Siida. En un ambiente tradicional, nos refugiamos de las bajas temperaturas y saboreamos los productos locales.

Después de 6 intensos días, el viaje llegaba a su término y no quisimos marcharnos sin probar la experiencia de dormir en una cabaña a cielo descubierto, y aún más, con la posibilidad de volver a ver auroras boreales, plácidamente tumbados. Maletas en mano, nos trasladamos a Northern Lights Village.

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Northern Lights Village es un complejo de cabañas, situadas en lugar tranquilo y privado, rodeado de bosque en medio de la salvaje naturaleza. Está muy cerca de Ivalo. Un prado de renos, en el medio de las cabañas, les permite deambular por toda el área.

El hotel dispone de un alquiler de bicis eléctricas, con ruedas de clavos (fat-bike), esquís y raquetas para la nieve. Fue maravilloso recorrer en fat- bike los solitarios caminos de nieve profunda, donde encontramos pequeños refugios de madera, para hacer fuego y calentarse.

Tras una deliciosa cena, junto a la chimenea del restaurante, nos retiramos a nuestra cabaña. El objetivo, poder observar, a través del techo de cristal, las auroras boreales desde la cama.

Dormimos bajo un cielo cubierto, del que caía nieve de cuando en cuando, no pudimos ver nada. Aún así, fue toda una experiencia, y no dejamos de recordar todo lo vivido en esta asombrosa parte del mundo.

Laponia es uno de los destinos más extraordinarios del planeta, repleto de experiencias inéditas por descubrir, donde evadirse en tan sorprendente paisaje. Es en este lugar, donde se forman imágenes que nos acompañarán de por vida, y, donde se escucha ese penetrante silencio que llega a detener el tiempo…

 

Sumario

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