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Octubre 22, 2020

Estambul es una ciudad apasionante y llena de vida. Dividida por el estrecho del Bósforo, se asienta en dos continentes: Asia y Europa. Fue la capital de los Imperios Bizantino y Otomano, que nos dejaron grandes tesoros que revelan el esplendor de épocas pasadas. En la zona Europea, el estuario llamado “Cuerno de Oro”, crea, además, un hermoso puerto natural que separa la ciudad antigua de la nueva. Las une el Puente Gálata, que ofrece algunas de las mejores vistas de Estambul al atardecer, cuando las cúpulas y los minaretes de las mezquitas recortan el cielo rosado y el agua se vuelve cobriza mientras se escucha el canto del muecín llamando a la oración.

ESTAMBUL, mosaico de pueblos, culturas y religiones

Por Nuria Araguás y A.B.S. Fotos cedidas por la Oficina de Turismo de Turquía en Madrid y www.turismodeturquia.org

En el escenario histórico, Estambul fue fundada por el caudillo Byzas, que llegó al lado europeo del estuario del Cuerno de Oro en el año 675 a.C. Nacía así Bizancio, la ciudad de Byzas. En el año 330 d. C. pasó a llamarse Constantinopla al ser tomada por Constantino I el Grande. Bajo el mando de este emperador, Constantinopla se convirtió en capital del Imperio Romano de Oriente, conocido como Imperio Bizantino. El gran legado, fue la labor y empeño del emperador para que Constantinopla alcanzase una belleza superior a la ciudad más grande de su tiempo: Roma.

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Tras la caída de Constantinopla ante los otomanos en 1453, se transformó en una ciudad musulmana y sede del Califato Otomano. Durante este periodo, sufrió una profunda transformación cultural pasando de ser bizantina imperial a otomana, y, de cristiano ortodoxa a islámica. Aunque algunas iglesias fueron convertidas en mezquitas, otras muchas se conservaron. Los otomanos, tolerantes con otras religiones, dejaron a disposición de cristianos y judíos parte de las iglesias y sinagogas. Actualmente, las nuevas mezquitas, construidas por los sultanes en conmemoración de sus reinados, se pueden ver junto a parroquias y sinagogas.

El estrecho del Bósforo otorga a Estambul lugares fascinantes

El 29 de octubre de 1923, Mustafá Kemal Atatürk estableció la República y la capital se trasladó a Ankara. En 1930, la ciudad adoptó oficialmente el nombre de Estambul. La mayoría de la población es de confesión musulmana, con minorías de cristianos y de judíos. Actualmente es una de las ciudades más turísticas de Europa, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985.
El estrecho del Bósforo, otorga a Estambul lugares fascinantes. En sus orillas palacetes y mezquitas se alinean en paisajes incomparables que dotan a la ciudad de gran belleza. El “Cuerno de Oro” es una estrecha bahía que, en forma de cuerno, divide la ciudad vieja y la nueva.
Para recorrer la ciudad, el tranvía resulta bastante cómodo, sobre todo para el casco histórico. Con una sola tarjeta, que cargamos en la estación de metro del Golden Horn Bridge, se puede acceder a todo el transporte público, incluyendo los ferris que transitan por el Cuerno de Oro y el Bósforo. Comprar la tarjeta, es sencillo y un grupo, puede acceder, con una misma tarjeta.
Además de contemplar los vestigios de los imperios más grandes del mundo, descubrir sus mezquitas, conocer sus museos y disfrutar de la gastronomía, darte un baño turco en un lugar histórico es otra opción de ocio muy relajante que nos brinda Estambul.

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Nos alojamos en el centro histórico de Estambul, en el barrio Sultanahmet, Hotel Boutique ST. Sophia, que se halla a 250 metros de la Mezquita Azul y a 5 minutos a pie de la parada de tranvía. El Puente de Gálata sobre el Cuerno de Oro se encuentra a 15 minutos a pie.
El hotel es pequeño, tiene desayuno-buffet, pero no dispone de restaurante, aunque no es necesario, ya que por los alrededores encuentras para todos los gustos. www.boutiquesaintsophia.com. Desde la misma recepción del hotel nos reservan una mesa en el Seven Hills Restaurant, donde disfrutamos de una bandeja de pescado fresco al peso, que previamente elegimos en el mostrador. También degustamos pequeños y deliciosos aperitivos de cocina otomana. Está ubicado en una azotea con vistas a la Mezquita Azul. Aconsejamos reservar al anochecer para ver la tenue iluminación de la mezquita.

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Hay otros restaurantes por la zona como el restaurante Matbah que dispone de salones en jardines con vistas a la Mezquita del sultán Zeynep y la Madrasa Caferaga, el Nars Brasserie, Fine Dine y Sur Balick Restaurant, todos disfrutan de una carta elaborada de sabores tradicionales combinada con unas vistas de ensueño entre las cúpulas y el Bósforo.
En la mayoría el servicio es excelente, atentos y amables, es curioso y parece habitual que nos lean la cuenta antes de pagar, para comprobar que es correcta. Una maravilla.
Con el fin de aprovechar los días al máximo, contratamos los servicios de un guía privado, Sherhan Kocaman, un profesional muy ocurrente, que con un gran sentido del humor, nos enseñó su ciudad y el sentir de sus gentes. Habla perfectamente español y le encanta España y los españoles, sorprendiéndonos del buen conocimiento que tiene de nuestro país y nuestra cultura. Junto a Sherhan pasamos unos días muy interesantes y animados. Puedes contactar con él a través de Facebook, así como obtener información de sus itinerarios.
Dilek es otra de las guías que aconsejamos, tiene un buen conocimiento histórico y habla muy bien español. La contactamos a través de Civitatis en un tour de tres horas por el centro. Además de hacernos las visitas muy interesantes pasamos buenos momentos y nos instruyó sobre cómo y por dónde movernos en Estambul.

Barrios de Estambul

El barrio de Sultanahmet es el distrito más antiguo y el corazón turístico en el que se concentran los monumentos más importantes de los imperios Bizantino y Otomano. La Plaza de Sultanahmet es el núcleo principal y en la época bizantina constituyó el centro de Estambul. En esta plaza ajardinada, se halla el Hipódromo Romano, en el que se realizaban principalmente carreras de carros y constituyó el lugar de ocio y entretenimiento durante más de mil años. En el Hipódromo podemos contemplar el Obelisco (traído de Egipto, que es el monumento más antiguo de Estambul, con más de 3500 años de antigüedad), la Columna Serpentina, la Columna de Constantino o la Fuente Alemana, los únicos monumentos que han sobrevivido al paso del tiempo. Históricamente el Hipódromo fue también escenario de sublevaciones, castigos y derramamiento de sangre. Actualmente es un punto de encuentro, de estambulitas y visitantes.

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Uno de los monumentos más importantes y obra maestra del arte bizantino, es la Basílica de Santa Sofía o Ayasofía (como la llaman los turcos). Se construyó durante los años 532 al 537 y la hazaña arquitectónica se debe a la construcción de la impresionante cúpula. Asimismo, Santa Sofía nos habla del pasado glorioso de la ciudad, pues fue en Santa Sofía donde el emperador Constantino (1453) permaneció toda una noche para intentar hacer las paces con Dios ante la inminencia de la muerte. También, donde el sultán Mehmet II, agradeció su victoria al tomar la ciudad, convirtiéndola en mezquita. El célebre arquitecto turco Sinan, materializó lo que Santa Sofía es hasta nuestros días. Toda una muestra de tolerancia, pues no fue destruida, sino reconvertida a lugar sagrado del Islam. El uso del edificio como templo musulmán no mutiló su grandeza. Tras ser convertida en museo por el presidente Atatürk, se hallaron mosaicos bizantinos que habían sido encalados por los otomanos. Actualmente siguen recuperándose, y son los ejemplos más bellos del Arte Bizantino realizados entre el s. IX al s. XII.

Santa Sofía es más que un templo, es el ejemplo

de cómo la belleza es capaz de sobrevivir a la destrucción

Antes de entrar al templo, merece la pena rodearlo, para hacernos una idea de sus enormes dimensiones. Una vez en el interior, desde las plantas superiores, resulta impresionante la vistas de la nave central y de la cúpula, decorada con una representación del cielo y que se sustituyó por citas coránicas tras la conquista islámica. Los imponentes medallones con caligrafía cúfica, añadidos en el siglo XV, recuerdan a Alá, Mahoma y los cuatro primeros califas. Pero Santa Sofía es más que un templo, es el ejemplo de cómo la belleza es capaz de sobrevivir a la destrucción, ya que quienes pisaron su interior, romanos, musulmanes e incluso vikingos, quisieron que su huella perviviera en ella. Es por ello por lo que Santa Sofía se ha convertido en un emblema de tolerancia de la ciudad.

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Después de la conquista otomana, los sultanes dedicaron el dinero de sus invasiones a la construcción de mezquitas. La más famosa es la Mezquita Azul o Mezquita de Sultanhamet, junto a sus seis minaretes elevándose al cielo. Es la única de Estambul y de Turquía que posee seis minaretes, lo que le otorga un valor especial. Fue construida bajo las órdenes del Sultán Ahmed I (1609-1616) y es la más grande e importante de Estambul.
Para entrar en las mezquitas, se debe llevar ropa apropiada y descalzarse. Las mujeres deben cubrirse los hombros y el cabello. Si no lleváis nada para taparos, en la entrada suelen prestar algo para tal fin. Aconsejamos llevar unos calcetines para no andar descalzo en el interior. Una vez dejamos los zapatos en la entrada y nos cubrimos la cabeza, entramos en la sala enmoquetada. En nuestra visita la mitad de la nave, pesar nuestro, se encontraba en restauración.

El conjunto es todo un espectáculo que te deja con la boca abierta

Aun así, pudimos imaginar su grandiosidad. Encontramos sentados algunas familias con niños que descansaban sobre la mullida moqueta, otras personas parecen que estaban dormidas sobre algunos bancos laterales. Algunos fieles rezaban frente al mihrab y los visitantes, deambulaban observando minuciosamente cada detalle. Reinaba el silencio. La parte superior está formada por una sucesión de cúpulas que aumentan el tamaño hasta llegar a la principal. Están decoradas por más de 20.000 azulejos de color azul de Iznik que proporcionan el color por lo que es conocida. La iluminación proviene de sus más de 200 vidrieras, y de las inmensas e increíbles lámparas de araña que cuelgan del altísimo techo. El conjunto, es todo un espectáculo que te deja con la boca abierta. Sí, nos impresionó la mitad que pudimos ver, no hay palabras para describirla en su magnitud.
Una vez fuera, si hay apetito muy cerquita, en Tarihi Sultahnahmet Köftecisi, podéis probar una especie de albóndigas de carne especiada (köfte) que preparan desde 1920.

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El Palacio Topkapi es otro imprescindible del centro histórico, residencia principal de los sultanes del imperio otomano y sede de su gobierno durante 400 años. Cuenta con varios patios y edificios de interés que fueron construyéndose a lo largo del tiempo. La Cámara del Tesoro, alberga joyas de valor incalculable, armas y vestiduras utilizadas por los sultanes. El harén es una de las zonas más atrayentes y más visitadas. Embellecido de manera suntuosa, fue un lugar misterioso y prohibido, que cautivó la imaginación de pintores y escritores europeos durante siglos. Para acceder al harén, es necesario adquirir una entrada independiente. Tras el establecimiento de la República turca en1923, el Palacio Topkapi fue renovado y transformado en museo. En el mismo recinto, junto a otros edificios, se encuentra el Museo Arqueológico, uno de más importantes del mundo.

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Asimismo, hay que conocer alguna de las “Las Cisternas de Estambul”. Se trata de depósitos de agua almacenada en distintas partes de la ciudad, con el fin de hacer frente a las épocas de sequía y asedio. La más grande, es la Cisterna Basílica o Cisterna de Yerebatan, situada frente a Santa Sofía. Construida por el emperador Justiniano en el año 532 a.C., se la conoce también como “Palacio Sumergido” al estar formada por 336 columnas de mármol con bajorrelieves, que sujetan el techo. Unas pasarelas sobre el agua permiten realizar un bello recorrido, donde además del frescor y los reflejos de la tenue luz, la música nos sumerge en un mundo relajante, muy lejos del bullicio exterior.
Como opción a las habituales colas en la Basílica Cisterna, recomendamos visitar la Cisterna de Serefiye Sarnıcı que, aunque de menores dimensiones, es un rincón encantador y actualmente se utiliza como sala de exposiciones. Entre las columnas encontramos hermosas esculturas de un artista turco sobre el agua. Un lugar con mucha magia, donde la entrada, de momento, es gratuita. Se halla en la calle Piyer Loti Caddesi nº 23 bajo un enorme cubo de cristal.
Otro enclave que no te puedes perder de este barrio es el Gran Bazar, uno de los más grandes del mundo, que cuenta con más de 3.600 tiendas distribuidas en 64 calles. Para acceder al recinto tiene 22 puertas, que aunque están bien señalizadas, es bastante probable que no salgas por la que entraste. El colorido de los puestos, el arte del regateo, la fabulosa artesanía y la arquitectura del edificio, son solo algunas de las buenas razones para recorrerlo. Hay que dedicarle algo de tiempo. Una manera de deleitarse, es sentarte a tomar un té turco y observar a los vendedores y el ir y venir de la gente.

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En una de las salidas, hallamos un restaurante de la cadena de steakhouse, el Nusr-Et Steakhouse del excéntrico chef turco, Nusret Gökçe, famoso por su manera de cortar y echarle sal a la carne. Un restaurante desenfadado, en el que saboreamos diferentes platos y, aunque no precisamente de la mano del afamado restaurador, presenciamos el pequeño “performance” de un atractivo cocinero turco, que, sin mirarla, corta y sala con mucho temple la pieza de carne.
Pasear por las calles aledañas al bazar es otra recomendación, pues descubrimos bonitos rincones sin rumbo fijo. Cerca de la puerta de acceso nº1 del Gran Bazar, se halla Dönerci Şahin Usta, un famoso puesto de comida, donde se dice que hacen el mejor kebab de Estambul. No se puede ir en hora punta, ya que se forma mucha cola.

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Bajando hacia el barrio portuario de Eminönü, la Mezquita de Rüstem Pasa domina la silueta de la ciudad. Es una de las más bellas, y, al estar construida sobre una plataforma se ve desde varios puntos. Es obra del genio de la arquitectura otomana, Sinan y está decorada con los azulejos más bellos de Iznik del s. XVI. A la salida, nos dirigirnos al Complejo Religioso de Sülemaniye (1550-1557), solo tenemos que seguir los minaretes de su Mezquita. De nuevo, Sinan, es el artífice de esta monumental obra que glorifica al Sultán Solimán el Magnífico. En el complejo podemos ver el Mausoleo del Sultán, el de su esposa, y el del mismo arquitecto Sinan, Este último sorprende por su humildad y sencillez después de haber creado obras tan diversas. El complejo alberga cuatro madrasas.
Una vez que nos adentramos en el Cuerno de Oro, encontramos dos barrios identificados con el estuario: Balat y Ferner. La benevolencia de los otomanos hacia otras religiones como la cristiana y judía se deja ver en ellos. El Barrio de Eyüp, es uno de los distritos más conservadores alejado del centro turístico. Es muy visitado por los musulmanes puesto que alberga tumbas y mausoleos de celebridades de la religión islámica, así como mezquitas, como La Mezquita de Eyüp que es el lugar sagrado más conocido de Estambul. Esto es porque Eyüp Ensari, compañero de Mahoma, fue enterrado en este lugar cuando los árabes asediaron Estambul (674-678). Por ello, muchas personas célebres del Imperio Otomano, eligieron este enclave para que sus almas descansaran en el. Una de las características del barrio son las lápidas del cementerio, algunas de ellas trabajadas como auténticas obras de arte.

La Iglesia de San salvador de Chora acoge

los mejores ejemplos de pintura bizantina

Recorriendo todo el camino del cementerio llegamos al Café de Pierre Loti, que adquiere su nombre por el célebre novelista francés, un asiduo del lugar, que vivió en Estambul. Cuentan que Pierre Loti se enamoró de una de las concubinas de un sultán, llamada Aziyadé. Para estar cerca de ella, se trasladó al barrio islámico disfrazado de turco. Cuando vuelve de un viaje descubre la tumba de Aziyadé en el cementerio de Eyüp, supuestamente castigada por haber transgredido las leyes del harén. Nos encanta la historia, pero realmente, todo se halla muy entremezclado con ambiguas aventuras del protagonista con sus sirvientes, primero un sefardita de Salónica, más tarde un turco de Estambul. Pero detrás de todo esto, el café es un bellísimo mirador del “Cuerno de Oro” y del barrio en sí. Merece la pena subir a contemplar las panorámicas que nos ofrece mientras tomamos un tradicional té de manzana. No nos extraña que Pierre se inspirara en este lugar. Para llegar podemos tomar el teleférico cercano a la Mezquita de Eyüp. Otro indispensable del barrio es la Iglesia de San salvador de Chora, donde se pueden contemplar los mejores ejemplos de pintura bizantina, que fueron tapados con yeso, y posteriormente descubiertos en 1900.

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Regresando a Eminönü, y antes de cruzar el Puente Gálata que une las orillas del Cuerno de Oro, visitamos El Bazar de las Especias o Bazar Egipcio. De menores dimensiones que el Gran Bazar, es muy atractivo. Tiene seis puertas de acceso y representa un punto de encuentro de varias culturas. Encontramos frutos secos, quesos, dulces, productos tradicionales y por supuesto especies que los vendedores exponen con exquisito gusto y esmero. Se vende todos los sabores de té al peso, así como mezclas para todos los gustos. Déjate llevar por sus olores y por tanta riqueza visual, un placer para los sentidos. Adyacente al bazar, se ubica la Nueva Mezquita (Yeni Cami), que data de 1663.
Muy cerca en el Hamdí Restoran, con vistas al puente y la torre Gálata, probamos el “lahmacun”, lo que viene a ser la pizza turca, que tiene poco que ver con la italiana, no lleva queso, y suele ser de carne y vegetales, todo muy condimentado. Lo sirven con medio limón.
El Puente Gálata, es otro de los grandes emblemas de la ciudad que conecta las dos orillas del Cuerno de Oro. Con 490 metros de longitud permite el acceso a un sector más moderno y noctámbulo. Sobre el puente, al atardecer, obtenemos la vista más seductora de Estambul. De un lado, sobre la colina, asoma la Torre Gálata rodeada de gaviotas, que parece custodiar los imponentes minaretes y las cúpulas de las mezquitas de la otra orilla, envueltas en un cielo rojizo. A esta bella estampa del Cuerno de Oro y el Bósforo, se une el canto del muecín llamando a la oración. Un paseo delicioso e idílico, que hay que repetir una vez que anochece.
El puente es bastante bullicioso. A los transeúntes se unen vendedores ambulantes, turistas y pescadores tirando las cañas al estrecho. Tiene dos niveles, y en el inferior, se han establecido algunos bares, restaurantes y cafés muy populares entre locales y turistas. Es un buen sitio para fumar un narguile, o probar el raki, algo que se debe hacer antes de marchar de Estambul. El raki es la bebida nacional de Turquía, está hecho de uvas fermentadas y anisadas, y se toma con comida, sobre todo con la cena. Los bares y pubs de los bajos del puente, son una ubicación ideal mientras contemplamos el atardecer sobre las mezquitas. Una buena opción antes de internarnos en el Barrio Gálata, actualmente Karaköy.

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Karaköy, ha sido a lo largo de la historia el puerto comercial de Estambul, situado en la misma entrada del Cuerno de Oro. Sus orillas están bañadas por el Mar de Mármara y repletas de quioscos, restaurantes y comercios. Desde Karaköy se disfruta de unas excelentes vistas de la otra orilla, Sultanameth, sobre todo al caer el sol, cuando las sombras cubren la Mezquita Azul, Santa Sofía y El Palacio de Topkapi, originando un hermoso paisaje muy romántico de Estambul, una de las principales atracciones del barrio. Paseando observamos una mezcla entre lo tradicional y lo nuevo, los lugares de moda se mezclan con negocios familiares. Tomando como referencia La Torre Gálata, subimos cuestas pronunciadas donde se disponen mesitas de café con coloridos manteles de diseño turco. Hallamos curiosas escaleras de “Art Noveau”, como las de Kamondo, que tienen una forma curva, entrelazada, por si tropiezas, no caer por tan inclinada pendiente. Al fondo de una calle empedrada, vislumbramos la Torre Medieval. Es redonda, fue un faro en sus orígenes y reconvertida por los genoveses para vigilar los barcos que entraban a la ciudad. Nos ofrece de nuevo, otra de las vistas más espectaculares de Estambul. Como anécdota, fuimos testigos de una original pedida de mano. Bajo la torre, un nervioso joven y varios amigos desplegaron una enorme pancarta en la que escrito figuraba la controvertida pregunta de compromiso a la chica, que sin saber lo que se estaba tramando, había subido a la torre, engañada con una amiga. Una vez se asomara al balcón, se encontraría a sus pies la arriesgada petición. El novio, amigos, turistas y locales esperamos expectantes con el fin de no perdernos el emocionante desenlace. La genial idea fue infalible y todo acabó entre vítores y aplausos.

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Los fines de semana, los alrededores de la torre se convierten en un punto de encuentro para jóvenes de todas las edades bajo el ritmo de la música callejera.
El Barrio de Taksim, es uno de los más modernos, distrito comercial, turístico y de ocio conocido por sus restaurantes, tiendas y hoteles. La Plaza de Taskim es el corazón del barrio en cuya explanada descubrimos un monumento a la independencia, que representa al líder Atatürk junto a otras figuras del nacionalismo turco. Por la animada calle Istiklal Caddesi, descubrimos un sinfín de lugares de ocio, numerosos centros comerciales, galerías de arte, cines, teatros y tiendas de marcas conocidas. Es una larguísima avenida peatonal en la que sólo circula un encantador y antiguo tranvía que parece sacado de otra época. Por las callejuelas adyacentes, se abren pasajes que guardan muchas sorpresas, como el de “Halep” o “El Pasaje de Flores” con rincones tradicionales de esencia turca. Proponemos degustar el célebre café turco en la calle Cezayir, preparado en la típica cafetera de cobre, que se sirve en tacitas bajas. Una vez que el fino polvo de café con el que es preparado, se ha sedimentado completamente, se toma de una vez. Lo suelen servir con un vasito de agua y sin azúcar. Una golosina en su lugar, al parecer sirve como tal.
Algunos de los edificios, albergan restaurantes con terraza en sus pisos más altos, donde contemplar el barrio y la ciudad. Sugerimos una cena al atardecer sobre la bahía de Estambul, en el Divan Brasserie Beyoğlu ubicado en la azotea del edificio en el nº181. Las vistas son maravillosas. www.divan.com.tr.

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En cuanto al ocio nocturno, Taksim es una de las zonas más animadas, con pubs y locales de marcha.
Otro de los recorridos más bonitos de Estambul es el que va de Karaköy a Ortaköy por los márgenes del estrecho. En este trayecto, se alinean mezquitas y palacios construidos a orillas del mar, como la Mezquita y el Palacio de Dolmabahce, que para reconocerlo basta con comparar su tamaño con el resto de construcciones ribereñas. Construido por orden del Sultán Abdulmecid (1842-1853), que trasladó su corte desde el Palacio de Topkapi, fue la residencia oficial de los sultanes turcos desde 1853 hasta 1922. En la actualidad también está reconvertido en museo.
Pasamos por El Museo Marítimo, El Palacio de Yildiz, construido sobre una colina, y el Palacio de Ciragan convertido en un hotel de cinco estrellas. Continuando por la misma ruta llegamos a OrtaKöy, uno de los barrios más carismáticos y hoy en día, otro de los centros de ocio de Estambul. Es un barrio bohemio, donde disfrutar de galerías de arte y exposiciones de fotografía o pintura al aire libre. Los fines de semana, sus calles se llenan de mercadillos. La Mezquita de Ortaköy es el símbolo del barrio. Una preciosidad construida en 1853 en un saliente al mar. Los jardines que la rodean invitan a un descanso con vistas al estrecho y al puente colgante. En esta zona, el café restaurante House Café Ortaköy, ofrece una cocina mediterránea, europea, turca e internacional. Aunque aparentemente pueda parecer algo caro, los precios son bastante asequibles. Tiene una terraza a orillas del mar.
Mas allá, si continuamos el litoral del lado europeo, se encuentra Bebek, un barrio elegante con hermosos paseos por la costa y bonitas construcciones que vale la pena detenerse a contemplar. Una zona muy “chic” alejada del centro turístico que vale la pena conocer.

La parte asiática: Üsküdar y Kadiköy

Üsküdar y Kadiköy, son los barrios asiáticos de Estambul, situados al otro lado del estrecho que durante los periodos bizantino y otomano, fueron el lugar de descanso y coto de numerosos emperadores y sultanes. En los márgenes del Bósforo abundan los jardines verdes, pabellones y palacios veraniegos, bellos ejemplos de la arquitectura otomana, como el Palacio de Beylerbayi construido por el Sultán Abdulaziz en 1865.
En Üsküdar frente a la “Torre de la Doncella”, volvemos a obtener otra bella fotografía de los atardeceres de Estambul. Se trata de una torre sobre un islote rodeada de agua y que guarda una leyenda. La leyenda cuenta que al predecir una vidente, que la bella hija del emperador Constantino moriría por la mordedura de una serpiente, el emperador construyó la torre y trasladó a la doncella allí, pensando que ninguna serpiente podría alcanzar la isla en medio del mar. Sin embargo, una astuta víbora escondida en una cesta de comida, acabó con su vida.
La vislumbramos recortada sobre el anaranjado cielo, mientras caminamos por un bonito paseo, entre locales y turistas. Algunas gradas y terrazas se disponen frente al mar. Nos detenemos en un puesto de helados, ya que probar el helado turco, es algo que hay que experimentar. Viene acompañado de una pequeña “animación”, para nuestra sorpresa. El dependiente juega al “te lo doy” “no te lo doy”, con ágiles movimientos cucurucho arriba y abajo. Percibimos que es todo un arte, una tradición que incita a tomarte uno.
Para completar la visita a Estambul, no puede faltar el paseo en barco por el Bósforo. Se puede contratar un tour privado o hacerlo en el ferry. Esto último que es lo más económico y recorre, tanto el “Cuerno de Oro”, como las ambas orillas del Bósforo. Las panorámicas que nos deja este “tour”, tanto de día como de noche, son otro espectáculo más de la ciudad. La mejor temporada para hacerlo, va desde finales de abril hasta septiembre, aunque los meses de julio y agosto son especialmente calurosos en general, para visitar Estambul.
Desde el embarcadero de Karaköy, tomamos un crucero-yate, que previamente contratamos desde Madrid, antes de emprender el viaje. Resultó muy cómodo, pero algo caro comparado con lo que se oferta “in situ”, en el embarcadero de Karakoy. Por supuesto mereció la pena. Lo realizamos con la empresa Bosphorus Tours, y tuvo una duración de dos horas. No aconsejamos menos tiempo, para poder disfrutar de ambas orillas. Durante la primera parte del recorrido, navegamos por el litoral europeo, donde contemplamos nuevamente la Torre Gálata, el Palacio Dolmabahç, la Mezquita Ortaköy y la fortaleza de Rumelihisarı, desde otra perspectiva.
En esta nueva vista, observamos hermosos jardines y las estancias de algunos de los palacetes reconvertidos en hoteles de lujo. La embarcación se acerca, para nuestro asombro al pantalán de uno de ellos. Allí recogemos a una familia de turistas que se une al tour, lo que nos permite disfrutar, muy de cerca, de tan majestuoso edificio. Continuamos navegando junto a la costa y contemplamos la celebración de una boda en la elegantísima terraza del “Hotel Four Seasons”. Buena elección para el evento, al caer el sol y al borde del mar. Un viaje muy relajante, sentados en cómodos sillones, donde nos ofrecen una refrescante limonada acompañada de canapés, pastelitos y frutas. No se puede pedir más…una travesía de lujo, en un entorno sublime...
Se suceden residencias, palacios y fortalezas, muchas de ellas pertenecientes a Pashas Otomanos. Pasamos bajo el puente colgante del Bósforo y cruzamos al lado asiático. En esta orilla destaca el palacio Küçüksu, la Fortaleza de Anatolian y la escuela militar más antigua de Turquía. Percibimos que el ambiente de la ciudad no sólo se reduce al centro histórico, especialmente con el buen tiempo. Vemos mansiones con embarcaderos privados, chalets con piscinas y algunas escalinatas que bajan al mar, prados, cenadores, y distinguidos restaurantes. Nos acercamos a la Torre de la Doncella, la rodeamos… regresamos al puerto… la entrada por la bocana del Cuerno de Oro, no tenía parangón… fue inolvidable.

Islas de Estambul o Islas Príncipes

Estambul tiene mucho que ofrecernos, desde varios puntos se distingue la silueta de las islas del pequeño archipiélago del Mar de Mármara. Sedef, Büyukada, Heybeliada, Burgazada y Kinaliada, son las más grandes y cada una posee su particular belleza. Los ferris desde Estambul llegan a las cuatro islas principales, Büyükada, Heybeliada, Burgazada y Kinaliada. Durante el periodo bizantino fueron lugar de exilio y prisión para príncipes y aristócratas repudiados. Para haceros una idea, Büyükada, es la más grande de las nueve islas y posee una superficie de 5 km².
Como suele pasar, el tiempo de visita en Estambul no nos da para más, y tenemos que renunciar a su visita. Lo dejaremos para nuestro regreso a tan hospitalario, interesante y legendario país, del que nos queda tantísimo por conocer.

 

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Sumario

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