Tortosa, ciudad del Renacimiento.

Más de dos mil años de historia han ayudado a conformar el rico patrimonio histórico, cultural y arquitectónico de Tortosa. Su territorio en forma de valle se extiende desde la cumbre del Caro, en els Ports, hasta la confluencia con los vecinos arrozales del Delta del Ebro. Esta riqueza de escenarios y culturas se traduce en una gastronomía muy variada, llena de contrastes y sensaciones, componente imprescindible que configura una gran oferta lúdica en torno a elementos como la Vía Verde de la Val de Zafán, el GR-99, o el Camino de Santiago del Ebro. El río es, también, el escenario de la recuperación de la actividad tradicional de navegación fluvial, esta vez transformada en experiencia turística. Pero, sin ningún tipo de duda, el momento álgido tiene lugar durante la Fiesta del Renacimiento que se celebra en julio y que recrea el ambiente de Tortosa en su etapa de máximo esplendor: el siglo XVI.

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Texto cedido por Tortosa Turisme. Fotos de Òscar Lanau.
Foto portada: Embarcación “Lo Sirgador” en la fachada fluvial delante del Mercado Municipal y con el puente de la Vía Verde en el fondo

La época renacentista impregna todo el año el espíritu de la ciudad y se puede revivir a través de los ojos de uno de sus personajes más ilustres, Cristòfol Despuig, autor de “Los coloquios de la insigne Ciudad de Tortosa”. Todavía hoy podemos disfrutar de la ciudad que él conoció: la Catedral de Santa Maria y su imponente exposición permanente, el conjunto arquitectónico de los Reales Colegios, la joya más preciada del Renacimiento catalán y que custodia el antiguo archivo de la ciudad, el Castillo de la Zuda, el río Ebro o el barrio judío, entre muchos otros atractivos.

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Abanderados renacentistas en el ábside de la Catedral.

La Catedral

La Catedral es la construcción que mejor refleja las huellas que el tiempo ha dejado en la ciudad. Se asienta en el espacio en el que se situó el foro romano, y más adelante, ya como lugar de culto, la seo visigótica, y posteriormente la mezquita. Entre 1158 y 1178 se construyó la desaparecida seo románica, que estaba situada dentro del recinto del actual templo. Las obras de la catedral gótica se inician en el año 1347, y continuarán hasta mediados de siglo XVIII.
A pesar del dilatado periodo de construcción, hay que destacar la unidad estilística que presenta la Seo. La cabecera, uno de los elementos más singulares del edificio, se caracteriza por la ausencia de muros entre las capillas, las cuales configuran de este modo, un doble deambulatorio alrededor del altar.
Del conjunto de las capillas de la basílica, destaca sobre todo la dedicada a la Virgen de la Cinta. Construida entre los años 1672 y 1725, se trata de un ejemplo de barroco maduro, simbiosis de arquitectura, de escultura y de pintura, que utiliza los recursos de teatralidad propios de este estilo.

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Foto 1. Patio de los Reales Colegios de San Jaime y San Matías. Niños moriscos y un dominico en un momento de descanso.
Foto 2. Los procuradores y el archivero de la ciudad ante el armario-archivo

Exposición Santa María Dertosae

Unidas a la catedral por el espacio comunitario del claustro se han conservado prácticamente íntegras algunas de las antiguas dependencias de la Canónica agustiniana fundada en el siglo XII. Estas salas albergan actualmente la Exposición Permanente Santa María de Tortosa, la cual nos permite profundizar en el conocimiento de la ciudad y entender el papel histórico desempeñado por Tortosa y su territorio.
En el sótano está expuesto el lapidario con epigrafía romana, visigótica y árabe, así como elementos pétreos del corazón de la Catedral. En el antiguo refectorio se exponen el tapiz de la Santa Cena, el retablo de la Transfiguración, atribuido a la escuela de Jaume Huguet, el retablo del Santo Entierro de Jesucristo y una muestra de indumentaria, pintura, escultura, mobiliario y orfebrería, el ajuar de los obispos Godofredo de Aviñón y Arnau de Jardí, así como una muestra de códices y documentación del Archivo Capitular. En el antiguo dormitorio están expuestos la sillería y el Santo Cristo del coro, la Custodia del Corpus, relicarios, tapices, arquetas y libros de coro.

Los Reales Colegios

Tortosa, en el siglo XVI, era una de las ciudades más importantes de Cataluña, y contaba con un Colegio fundado por Carlos I para la formación de teólogos dominicos, la fama del cual llevó a los poderes públicos a la construcción de otro Colegio anexo, para la formación de cristianos nuevos, los moriscos. Ambos serían conocidos con el nombre de Reales Colegios de Tortosa y se convertirían en el embrión de los futuros estudios universitarios, donde se podía obtener el grado de doctor en Teología y el de licenciado en Filosofía y Arte.
El conjunto arquitectónico conocido con el nombre de Reales Colegios está formado por tres edificaciones: el Colegio de San Jaime y de San Matías, el Colegio de Santo Domingo y el de San Jorge, así como la iglesia de Santo Domingo.
El Colegio de San Jaime y San Matías
Presenta una fachada fuerte sencilla, de la cual llama la atención la portalada de acceso  al recibir un pronunciado tratamiento monumental. En la parte central se representa el escudo imperial de su fundador, Carlos I. Las figuras de San Jaime y San Matías, patrones del colegio, aparecen dentro de hornacinas coronadas por la figura del Ángel Custodio, patrón de la ciudad.
Hay que destacar especialmente la estructura plenamente italiana del patio, considerado único en todo el país, con una iconografía riquísima que ensalza la monarquía, obra del escultor Francisco de Montehermoso. El pretil de la segunda galería se convierte en un friso esculpido con las efigies y los escudos de las parejas reales de la Corona de Aragón, desde Ramón Berenguer IV y Peronella de Aragón hasta Felipe III y Margarita de Austria.
Este edificio se dedicó en sus orígenes a la instrucción de los hijos de los conversos como parte de la estrategia diseñada por la Corona al objeto de evangelizar y asimilar culturalmente a los moriscos.  
Del Colegio de San Jorge y Santo Domingo solo se conservan algunos elementos puntuales. Destaca la portalada, inspirada en la obra de Sebastiano Serlio, en la cual aparece una inscripción que indica su función, Domus Sapientae (Casa de la Sabiduría).

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Una delegación de notables partiendo del Castillo de la Zuda

Espacio Santo Domingo

Lo que fue una iglesia construida en el siglo XVI, hoy acoge un Centro de interpretación del Renacimiento. En su interior, delante del presbiterio, encontramos las lápidas sepulcrales de Baltasar Sorió, lector de la Catedral, y Juan Izquierdo, obispo de Tortosa de 1574 a 1585, principales impulsores de la fundación y construcción de los Reales Colegios. También encontramos otros elementos que no formaban parte del conjunto original, procedentes de la desaparecida Casa de la Ciudad. Presidiendo la nave central encontramos el armario del antiguo archivo de Tortosa. Hay que destacar su valor simbólico que nos remite a los orígenes del archivo municipal, así como la decoración interior con el escudo de Tortosa y la presencia del Ángel Custodio, patrón de la ciudad. Encastada en el muro interior encontramos la portalada del estudio del antiguo ayuntamiento, correspondiente al edificio construido en el siglo XVI en la calle Ciutat, que fue derribado en 1915.
El castillo de la Zuda o de San Juan
Bien cultural de Interés Nacional, e impresionante testimonio arquitectónico de la ciudad andalusí, recibe el nombre del pozo sarraceno o suda, que baja a más de 45 metros de profundidad a buscar el nivel del Ebro.  
Fue construido en el s.X, en época de Abderramán III, sobre la antigua acrópolis romana. Del periodo islámico quedan la base y el trazado de las murallas, el pozo y la única necrópolis árabe a cielo abierto documentada en Cataluña. Después de la Reconquista, se convirtió en prisión y, ya desde tiempos de Jaime I, en residencia real. A partir del s. XV, fue sucesivamente adaptado a las nuevas exigencias de defensa. En la actualidad alberga el Parador de Turismo.

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Música en el Portal de los Judíos una de las salidas a extramuros de la antigua judería.

El barrío judio

La aljama tortosina era una de las más importantes del país. Podemos deambular por las tortuosas, laberínticas y estrechas calles, que conservan prácticamente la misma estructura urbanística. Con la ayuda de las fuentes documentales, se han situado la sinagoga, el horno y la carnicería. A lo largo del recorrido encontramos espacios como la plaza Menahem ben Saruk, con la Torre del Célio, o la travesía Vandellòs, una de las callejuelas más estrechas del barrio, hasta llegar al Portal de los Judíos, el único de los portales de la judería que ha llegado hasta nuestros días. A menudo el espíritu de Blanca, la judía de Tortosa, revive y nos acompaña a visitar los lugares por donde ella vivió siglos atrás rememorando la historia de la comunidad judía a través de canciones, relatos y emociones.

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