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Noviembre 27, 2020

De unos años a esta parte, ha crecido de manera imparable la conciencia de los precios por parte de los consumidores españoles. Tanto es así, que desde las aerolíneas low cost hasta marcas de ropa se han lanzado a abaratar costes para multiplicar sus ventas. ¿En qué consiste una vida “low cost”?

El mundo low cost

Por Alma Borge


Este concepto comenzó con las líneas aéreas, lo que supuso toda una revolución y fue la consecuencia de que en la actualidad, nuevas empresas se hayan lanzado a ajustar sus precios. Así, hoteles, tiendas de ropa, electrónica se han sumado al sistema low cost. 

Pero a pesar de lo que se pueda creer, este sistema no ha nacido en plena crisis (aunque sí ha crecido en ella), ya que se tiene conocimiento de estas prácticas desde el año 1971. Fue precisamente una aerolínea americana, la Air Southwest la que comenzó con éste nuevo modelo de negocio en el que reduciendo gastos conseguían disminuir de manera relevante las tarifas para sus clientes. 

Pero hay que tener mucho cuidado a la hora de elegir nuestros productos o servicios low cost. Hay que tener claro que el concepto low cost se basa en abaratar costes sin que merme la calidad del producto o servicio final. Por eso, en los últimos años ha resultado peligroso la enorme proliferación de empresas que han saltado a este sistema, ya que en muchas ocasiones simplemente disponemos de un producto más barato pero porque su calidad ha disminuido también notablemente. 

Se trata de ofrecer la mayor calidad posible al menor y mejor optimizado coste posible, mediante ciertas estrategias de ahorro por parte de las empresas. Pero el problema ha aparecido cuando ya no se trata de ofrecer el mejor servicio o producto al mejor precio posible y también con la mejor rentabilidad posible para la empresa, sino que entonces de lo que se trata es de ofrecer productos o servicios lo más baratos posibles sin que importe primordialmente el equilibrio con la calidad.

Además, no sólo en términos de viajes refiriéndonos a las aerolíneas es donde se aplica este concepto. Como comentábamos, ya se han unido a ello hoteles, agencias de viajes, e incluso tiendas de ropa o electrónica entre otros.

El caso de los hoteles

Para este caso concreto contamos en nuestro país con el ejemplo de la novedosa y exitosa cadena Room Mate Hotels, donde su creador Quique Sarasola ha sabido a la perfección aunar un buen servicio con abaratar costes. Su cadena de hoteles con nombres de personas han irrumpido de forma increíble en el sector, ofreciendo al cliente lujo a precio imbatible: sus habitaciones de diseño y sus instalaciones de primera, pero sin haber gastado más de lo necesario en elementos superfluos o materiales ostentosos que, como bien ha sabido interpretar su creador, no cumplían una verdadera necesidad para el cliente y encarecían notablemente el servicio.

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Así, Quique Sarasola ha conseguido crear hoteles con un encanto especial, funcionales y con atractivos diseños, a un precio que a simple vista parecía imposible en un hotel de semejantes características. Este es el caso de un auténtico negocio low cost, donde los clientes pagan realmente por lo que necesitan, y la calidad no se ve reducida. 

Su filosofía es eliminar gimnasios, cafeterías, restaurantes, servicio de habitaciones… y así reduce su personal hasta en un 40% respecto a la competencia. Pero no duda en incrementar lo que considera esencial, ya que “nuestro cliente quiere pagar por dormir, ducharse y desayunar y después disfrutar de la ciudad”. Saber seleccionar qué es primordial para el cliente y qué es prescindible es la clave a la hora de abaratar costes y tener éxito con el sistema low cost. 

Ropa Low Cost

En el caso de las prendas de vestir, se habla últimamente del concepto Lowxury, que consiste en poder adquirir prendas de buen diseño y calidad a un precio también muy ajustado. Así, empresas como la española Cool Corner ha sido pionera a este respecto, creando prendas que son de excelente calidad, pero sin asumir costes innecesarios. En su caso no se paga marca, sino el producto, y así el precio es una vez más mucho más atractivo, por lo que se trata de adquirir lo exclusivo sin arruinar al bolsillo. 

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Otras casas de moda barata como H&M también incluyen en casi todas sus colecciones algunas prendas especiales, con el sello de un creador conocido. Resultan algo más caras que el resto, pero ofrecen esa posibilidad de llevar algo diferente, considerado de mayor lujo sin tocar demasiado el bolsillo. Otra de las empresas que se ha sumado a esta filosofía es El Ganso, de las marcas más cotizadas en España fundada en 2004 en Madrid y de estilo british. 

Las aerolíneas

Una aerolínea de bajo costo es aquella que ofrece tarifas más económicas a cambio de eliminar muchos de los servicios tradicionales a los pasajeros. El concepto surgió en Estados Unidos antes de extenderse por Europa a principios de los años 90, y de ahí se extendió rápidamente al resto del mundo. Originalmente el término era empleado dentro de la industria de la aviación para referirse a compañías con costos de operación bajos o menores que los de la competencia. A través de los medios de comunicación el significado ha variado en parte, y ahora define a cualquier aerolínea en la que se requiere poco dinero para comprar un billete y la que da servicios limitados.

Sin duda los dos ejemplos más claros de compañías europeas de bajo costo son la británica EasyJet y la irlandesa Ryanair, que desde su nacimiento en 1991 y 1985 respectivamente no han parado de aumentar su red de destinos en el continente. Pero curiosa resulta la tendencia de seguir reduciendo costos y servicios añadidos como en 2004 cuando Ryanair anunció su intención de eliminar los asientos reclinables, los paños de los reposa cabezas o los bolsillos en los respaldos de los aviones de su flota para continuar bajando precios.

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Famosas como Ryanair, en España la primera en sumarse al concepto de abaratar costes ha sido Vueling. La aerolínea Vueling fue fundada en 2004, con una campaña de vuelos a un precio de 10 euros. En 15 días se habían vendido más de 50.000 billetes. 

La historia de la compañía había empezado al finales de 2002, cuando Carlos Muñoz y Lázaro Ros crearon una sociedad promotora para estudiar el mercado y la viabilidad económica del proyecto Vueling. Situaron su sede central en el aeropuerto de Barcelona (El Prat) y una base secundaria en el aeropuerto de Madrid (Barajas). Vueling ofrece, por ejemplo, la posibilidad de elegir el asiento y usar principales aeropuertos, y opera desde los Aeropuertos de Madrid y Barcelona a las principales ciudades en España y Europa Occidental.

En el caso de adquirir billetes low cost es donde más cuidado debemos prestar a que realmente la compra nos salga más económica, y que no se vean mermados nuestros derechos como pasajeros ni los servicios básicos. Por eso, existen ciertas directrices básicas para no caer en el error y tener que arrepentirnos después:

• Comparar siempre varios vuelos y fijarnos bien siempre en los horarios de salida y llegada, además de tener claro el precio final. 
• Aprovechar ofertas de última hora y explotar nuestra flexibilidad horaria si disponemos de ella. 
• Cerciorarnos bien de las normas de cada aerolínea para el equipaje de mano, bultos, mascotas, etc.
• Verificar bien los aeropuertos, ya que en ocasiones pueden estar muy retirados de la ciudad. 
• Los cambios de vuelos suelen ser más caros que en las compañías tradicionales y no suelen incluir servicio de comidas.

Cómo comprar low cost

Recientemente dos jóvenes autoras han publicado un libro que de momento es la guía rápida para consumir de manera low cost sin caer en errores: Vivir low cost es una guía de consulta para saber comprar. Nos dan 5 pautas a seguir para no perdernos por este mundo de los precios a bajo coste:

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1. Separar el grano de la paja. El consumidor low cost es un consumidor que discrimina. Sabe que hay productos y servicios que cuestan más caros y otros que se pueden reducir a su mínima esencia para poder adquirirlos a precios más bajos.

2. Saber buscar. No se trata de renunciar a la calidad ni a las actividades que más nos gustan, sino de buscar alternativas más asequibles, informarse de lo que nos ofrecen las empresas y mirar atentamente la letra pequeña.

3. Exigir derechos. Los consumidores low cost tienen los mismos derechos que cualquier comprador. Si adquieren un producto o un servicio en mal estado tienen todo el derecho a exigir que se lo cambien o le devuelvan el dinero. Comprar más barato no resta derechos.

4. No confundir con ‘low price’. Para un comprador, el low cost abarca todo aquello que nos venden más barato. Pero low cost no se debe confundir con low price. El primero es un modelo de negocio distinto al que se ha practicado hasta el momento. Se basa en reducir lo más posible los productos o servicios para ofrecerlos más baratos.

El low price es vender algo más barato porque está pasado de moda o tiene alguna tara. El low cost, es comprar de una manera práctica. Actividades, ropa, viajes o restaurantes con precios más competitivos, comparar unas ofertas con otras, mirar con lupa la letra pequeña, bucear en Internet para aprovechar las oportunidades del mercado y comprar lo que deseas al precio que consideras justo.

5. Tener criterio. Vivir low cost no es tirarse a las ofertas por sistema. Es comprar con criterio.”

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Estas se pueden considerar las premisas básicas para sacar todo el jugo posible a esta nueva tendencia en productos y servicios: no fiarse de primera mano, comparar, mirar la letra pequeña y comprar con criterio. Todo tiene su precio justo. 

En resumen, se puede decir que el concepto low cost no implica vivir mal, sino que realmente es vivir de otra manera.  

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