Mayo 22, 2022

Las Islas Cícladas son el archipiélago más famoso del Mar Egeo. Comprende más de 2200 islas e islotes, entre las que se incluye Santorini, una de las más hermosas del Mediterráneo. Situada en el extremo sur, en realidad integra un conjunto de pequeñas islas formado por Thira, Thirasia, Asprosini, Palia Karmeni y Nea Karmeni. Es la más famosa y visitada no solo por su belleza, sino porque constituye un fenómeno geológico único. 

Por Nuria Araguás y A.B.S. 
Fotos ©evasión

Santorini es lo que queda de una isla inicial (Strongilí), que se hundió en el mar tras la erupción del volcán en el s. XVI a.C. Como consecuencia, el centro de la isla desapareció en una de las explosiones más grandes de la historia. Tres cuartas partes se sumergieron formando la caldera actual, es decir, el cráter del volcán. Solo subsistió el lado oriental, cuya silueta se asemeja a una medialuna. Al oeste, es escarpada y rocosa con un gran precipicio sobre el mar. Frente la grandiosa bahía, se divisan un grupo de islotes que se fueron formando por sucesivas erupciones. 

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En esta erupción, quedaron sepultadas las ruinas de Akrotiri, uno de los yacimientos arqueológicos descubiertos, más importantes de toda Grecia. Un asentamiento prehistórico, enterrado bajo la ceniza del volcán. Una pequeña Pompeya en el Egeo. 

El paisaje accidentado de la isla presenta unas vistas inimaginables del cráter en toda su dimensión. Las casitas encaladas en blanco y azul, aferradas a las laderas de la abrupta orografía, ofrecen un espectacular panorama desde cualquier ángulo, que, unido a la hospitalidad y gastronomía local, conforman uno de los destinos turísticos más encantadores y atractivos del país. 

El senderismo es, asimismo, la manera perfecta de descubrir pintorescos pueblos y paisajes difíciles de olvidar. Recorrer el borde de la famosa caldera desde Fira hasta Oia, seguir el sendero desde el pueblo de Pyrgos hasta el punto más alto o descender a la antigua Thera, son alguna de las propuestas de las rutas y senderos de Santorini. 

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También www.grecotour.com/excursiones-santorini-grecia propone experiencias en entornos únicos con una variada gama de excursiones en catamarán, tours y actividades. 

Elegir una buena ubicación para alojarse en la isla es primordial para disfrutarla desde el primer día. Despertar sobre la gran caldera volcánica es imponente. 

Es importante también, alquilar un vehículo en el mismo aeropuerto, con el fin de moverse con total libertad y organizar nuestro propio itinerario. Sino es posible, se pueden alquilar quads y motos para realizar excursiones puntuales por nuestra cuenta. Santorini tiene una carretera principal en buen estado que cruza toda la isla. Aproximadamente se tarda una hora en recorrerla. Las carreteras secundarias no se hayan en tan buen estado, pero nos conducen a parajes idílicos. 

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Con el fin de evitar multitudes, embarcamos en uno de los últimos vuelos directos de la temporada que opera Iberia desde Madrid a Santorini. Van desde mitad de junio hasta mediados de septiembre. Si no hubiera vuelo directo, o no nos cuadran las fechas, tal y como contamos en el número anterior, hacer escala en Atenas y disfrutar de unos días en la capital griega, bien merece la pena. Una interesante ciudad en la que estuvimos 4 días, sin haberlo programado, tras regresar del tour de las islas. 

Pero volviendo a Santorini, en definitiva, nos alojamos en la caldera, en el tranquilo pueblo de Firostefani, que se halla al oeste y al filo del acantilado. A tan solo un kilómetro hacia el sur se encuentra Fira o Thira, la capital de la isla. A otro kilómetro hacia el Norte, el asombroso pueblecito de Imerovigli. Ambas localidades, asentadas al borde del abrupto barranco, se hallan conectadas por un maravilloso paseo peatonal. Así, en medio de estas localizaciones, Firostefani es un lugar perfecto y que recomendamos para hospedarse. 

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Alquilamos una casa encalada en blanco y adentrada en la roca, una vivienda-cueva tradicional que presenta el estilo típico de las Cícladas, con decoración excepcional y una terraza de techo de parras con vistas al mar y a la caldera, la Villa Fegari. Está situada en la ladera del barranco, un laberinto de blancas escaleras parte del paseo peatonal hacia abajo donde están ubicados, entre otros, hoteles y alojamientos. Cargar con el equipaje por tan empinadas gradas, puede suponer una tortura. Es por ello advertir que, se ofrece el servicio de recogida de maletas y que se agradece enormemente. Compensa pagar los 10€ que cobran. 

El Sr. Kostas, nuestro anfitrión, nos puso al día nada más instalarnos en tan privilegiado lugar. En referencia al número de días que estaríamos y mapa en mano, dividió la isla indicándonos los lugares que teníamos que conocer en cada punto cardinal. Nos aconsejó también restaurantes y tabernas a un precio-calidad razonable. En definitiva, nos proporcionó una valiosa información, que modificó en cierto modo, el itinerario original que nos habíamos marcado.

En los alrededores de Villa Fegari encontramos un sinfín de miradores, cafeterías y terrazas que parecen suspendidas en el aire sobre el azul del mar. Muy cercana, una gran piscina de cómodas tumbonas se eleva en la extensa bahía. Un admirable lugar donde reina la paz y que por 10€ puedes disfrutar todo el día bañándote sobre el Egeo. La ubicación es muy apacible, lejos de la travesía principal. De todas maneras, la isla dispone de numerosos alojamientos para todos los gustos y bolsillos, incluyendo hoteles de piscinas infinitas o suites privadas con bañeras de hidromasaje, todos sobre la colosal caldera. Una maravilla y de un lujo incomparable.

La zona de Firostefani, dispone de restaurantes y tabernas de gran reconocimiento, como la taberna Aktaion, de mesitas cubiertas con manteles de cuadros azules y blancos a juego con el entorno, muy típica, y de recetas tradicionales, donde ya llegado el medio día, degustamos un delicioso menú de ensalada griega y musaka, antes de iniciar el paseo dirección Fira. El serpenteado camino sobre el acantilado es pura recreación, disponiendo de numerosos miradores al cráter y el inmenso mar, del que es difícil apartar la vista. Estrecho e inclinado en algunos tramos, contemplamos casitas de un blanco inmaculado y puertas de colores, según la arquitectura cicládica; seductores hoteles y hosterías, villas, elegantes restaurantes, rincones y azoteas donde increíblemente se asientan locales de ocio. Todo está dispuesto con un detalle y un gusto exquisito. Las cúpulas azules de pequeñas ermitas salpican la ladera. Bajando por una calzada de escaleras, cada paso nos desvela una nueva fotografía de la ciudad de Fira, situada en un plano inferior. Un crucero se halla anclado en la ensenada. Nos cruzamos con una fila de burros con carga que suben desde el puerto viejo, el puerto de Gialos. A este antiguo puerto se puede acceder por 600 escalones que zigzaguean por la pendiente, o bien en funicular. La subida o descenso en burro cuesta 5€, pero por protección del animal no lo recomendamos, y el teleférico 6€. Actualmente, este puerto de casas de pescadores es un punto de partida de excursiones en barco. Advertimos que coincidir con la llegada de algún crucero, puede ser una pesadilla. 

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El otro puerto de la isla es el Athinos, es el puerto principal, que se halla a 10 km de Fira y es el encargado de recibir grandes embarcaciones y ferries al resto de las islas. Está conectado por autobús. Desde este puerto tomamos el barco a la isla de Paros, pero este lugar es parte del próximo reportaje.

Llegamos a la Catedral Católica, dedicada a San Juan Bautista, restaurada tras el terremoto de 1975 y fácilmente reconocible por su arquitectura y el campanario con reloj, a diferencia de las iglesias griegas. Nos internamos en un trecho adoquinado de encantadores comercios, tiendas de artesanía, boutiques y joyerías de diseño, deleitándonos en algunas de ellas. La calle se abre a otro amplio mirador, en el que se presenta la Catedral Ortodoxa de Fira con una majestuosa cúpula. Conserva valiosos frescos en su interior.

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Otros lugares de interés son: el Palacio de Gyzis, una residencia que perteneció a una familia veneciana, donde entre fotografías, manuscritos y recuerdos, se expone la historia de la isla. También se puede visitar el Museo Arqueológico que incluye una colección de vasijas y esculturas que van desde de la época arcaica a la romana; El Museo Prehistórico exhibe objetos del tercer milenio antes de Cristo y algunas obras de arte primitivas; lo más destacado son los frescos originales hallados en el asentamiento prehistórico de Akrotiri. Este Museo es uno de los más importantes de Grecia y lo podemos considerar una visita obligada. El Museo de Arte Popular instalado en una casa cueva de 1861, alberga piezas que ilustran la vida local, cuadros y libros de la historia de Santorini. 

Desde los numerosos balcones de Fira, el atardecer nos ofreció diferentes tonalidades del paisaje en todo su esplendor. La puesta de sol es indescriptible. Solo por ello y sin duda, la mejor ubicación en la isla se encuentra frente a la caldera. Tímidamente, comienzan a asomar algunas luces. Reanudamos el regreso a Firostefani dejando atrás este auténtico pueblo mediterráneo, rico en colores y en luz.

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El mismo camino de noche, nos vuelve a sorprender. En esta ocasión la ladera está salpicada de tenues luces que se vuelven más brillantes con la oscuridad. Se distinguen acogedoras y románticas esquinas de mesitas con velas. Reluce el luminoso azul de los jacuzzi y piscinas, así como las cúpulas de algunas iglesias. Nos vamos alejando del encantador conjunto urbano de Fira, volviendo al empedrado paseo. Siempre con la oscuridad del mar al fondo, comienzan a surgir lugares de ocio y diversión. La imagen de Fira iluminada sobre la prominente cima es imponente.

Atravesamos un curioso local digno de mención, Volkan on the Rocks, un restaurante-cine-bar al aire libre. En un muro lateral se proyectaba la película “Mama Mía” -muy adecuada para la ocasión- mientras los espectadores con sus auriculares puestos cenan o toman un cóctel. Por otro lado, un acogedor restaurante sirve platos griegos a la luz de lamparillas. Y, en una barra central se sirven todo tipo de bebidas. En el horizonte, el infinito mar y Nea Kameni, la pequeña isla que se vislumbra en el medio de la panorámica. Es, un gran ventanal, perfecto para admirar también el atardecer.

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El segundo día en la isla lo dedicamos una de las localidades más famosas y un lugar con una belleza excepcional, el pueblo de Oia. Situado a 10 Km de Fira, este municipio ha estado siempre unido a la a la insuperable puesta de sol que contemplan miles de visitantes cada día. Si bien es cierto, hay otras excelentes ubicaciones para asistir a este gran acontecimiento en la isla, por el espacio en que se presenta.   

Llegamos a Oia temprano, por lo que encontramos fácilmente aparcamiento. Para conocer la belleza de este pueblecito blanco y azul, hay que recorrer sus casi dos kilómetros de extensión. La calle principal Nikolaou Nomikou es un paseo imprescindible. Algunas edificaciones están incrustadas en la roca. Entre estrechas y empedradas callejuelas se instalan atrayentes tiendas de ropa, artesanía isleña, refinadas boutiques, cafés y rincones con detalles exquisitos. Perderse por alguna de las bifurcaciones de escaleras que te alejan del centro nos obsequió con la aparición de locales muy exclusivos, seductoras casitas sacadas de un cuento, ventanas de flores y cúpulas azules. Lugares más tranquilos donde disfrutar de las vistas sosegadamente, lejos del bullicio de la travesía principal. 

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En la Plaza Central de Oia se encuentra la hermosa Iglesia de Panagia Platsani. En un blanco impoluto que contrasta con el color añil de la cúpula, destaca la agraciada torreta triangular de 6 campanas. En el interior, sorprende la grandiosidad del iconostasio de madera. Frente a la iglesia, otro enorme palco se abre al mar.

Entramos en la Librería Atlantis, que nos atrae por su decorada fachada. Bajando por la escalinata, accedemos a una antigua cueva en la que se exhiben libros que se hallan apilados del suelo al techo. Hay ejemplares nuevos, usados y en todos los idiomas. Tiene una terracita con bancos para sentarse frente a la maravillosa vista. Un lugar ideal para los apasionados de los libros.

Atravesamos galerías de arte y tiendas especializadas que llaman la atención por el decoro en su presentación. Un butacón rojo de diseño aparece en una esquina en plena calle, ventanas azules rodeadas de buganvillas, una antigua bicicleta apoyada en un muro, o un campanario. Todo a nuestro alrededor exige una fotografía.

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Nos dirigimos al restaurante Lotza que nos recomendó nuestro buen anfitrión. Un restaurante familiar, donde disfrutamos de un agradable trato, sabrosa comida tradicional y de nuevo, las apreciadas vistas. Recomendable reservar.

Después del agradable festín, continuamos el camino y alcanzamos los restos del Castillo de San Nicolás, uno de los primeros asentamientos de la Edad Media, construido para proteger la parte norte de la isla. Es uno de los mejores sitios para contemplar la caída del sol sobre la colina de casas blancas, y los molinos de viento que se observan desde este punto. Deleitarse viendo el sol hundirse en el Egeo, cambiando la luz de matices que pasan del naranja al púrpura, es todo un placer para los sentidos. 

Apreciarlo desde el Puerto de Amoudi o el Puerto de Armeni, situados en la costa debajo de Oia, es también excepcional. Al Puerto de Amoudi se puede acceder por interminables escalones, o bien a través de la carretera que va por la parte de atrás del pueblo. Es muy aconsejable el baño en esta cala de aguas cristalinas, así como cenar en alguna de las tabernas de pescadores excavadas en la roca. Desde este puerto se contratan las excursiones en barco de un día por el volcán, que realiza paradas en los islotes y enseñándonos Santorini desde el mar.

Igualmente, aunque con menos servicios, la Bahía de Armeni es el lugar ideal si se busca más tranquilidad y sosiego.

Antes de que se fuera la luz completamente nos acercamos a Imerovigli, que, aunque lo suyo hubiera sido hacerlo paseando desde Firostefani, nos quedaba de camino. La pendiente es escalofriante. Con razón lo llaman el balcón de Santorini, pues se halla a 300 metros sobre el nivel del mar. Un lugar privilegiado, al ser el punto más alto de la caldera entre Fira y Oia. 

Nuevamente, recorremos angostos caminitos empedrados, esta vez, prácticamente vacíos. La altura descubre panorámicas increíbles de los pueblos asentados en la arista de la isla. Nos topamos con varios fotógrafos profesionales (que se pueden contratar) y que realizan fotografías para parejas, modelos, o para aquellos que quieran llevarse los mejores y más recónditos parajes de Santorini. Hay que llegar al Monasterio de Agios Nikolaos, fundado en 1604 que, aunque lo encontramos cerrado, posee importantes reliquias e iconos bizantinos.

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Imerovigli es una pintoresca localidad que ha sido declarada conjunto protegido por sus casas Cícladas y sus iglesias. Con la última luz, tomamos una tabla de productos locales en una tabernita situada en una estrechísima callejuela cara al mar.

Tercer día: Pyrgos y Black Beach

Pyrgos es uno de los pueblos más encantadores del interior de la isla, situado sobre la colina más elevada de Santorini, y por ello, presenta una gran panorámica de todo el litoral. Fue originariamente la capital hasta que Fira tomó el relevo.

Aparcamos cerca de una plaza, donde hay instalados varios establecimientos de restauración. En un tenderete al aire libre, varios pulpos cuelgan sobre unas brasas, un sabroso plato típico que hay que probar. Adyacente, sale una adoquinada calle ladera arriba y comenzamos el ascenso. Una antigua calzada transita entre pasajes escondidos y edificaciones medievales. Por algunas ventanas sale música griega. Tiendas de souvenirs y artesanía local se acoplan en antiguos muros. Entramos al interior de pequeñas iglesias que encontramos abiertas. Es una localidad menos turística y goza de calma por sus recovecos. Arriba, alcanzamos una bellísima fortificación de carácter veneciano. En lo más alto, un extenso observatorio abre un amplio plano 360º de la costa que te deja sin habla distinguiéndose la proximidad de otras islas del Egeo. Es un pueblo peculiar, muy diferente a lo que habíamos visto hasta ahora.

Bajamos por otro arcaico camino de casas centenarias que nos transportan a otra época, deleitándonos de su autenticidad. Una vez en la plaza, nos sentamos a observar la vida local tomando un “tzatziki” en una de las tabernas. Es una salsa griega a base de yogurt, pepino y hierbas que nos sirvieron con un paté de aceitunas y pan de pita. Un aperitivo muy sabroso que hay que probar. Por esta zona, el anfitrión nos aconseja cenar el Restaurante Kantouni. Pero los tiempos no cuadran. 

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Nuestro siguiente destino fue la Playa de Perissa, también conocida por Black Beach, al ser de arena negra originada por la erupción del volcán. Junto al paisaje que la rodea y las aguas cristalinas, constituye un centro turístico muy frecuentado por locales y extranjeros. Una extensa zona costera de hoteles en primera línea que conecta con la playa de Perivolos. El ambiente, tanto de día como de noche, es bastante animado, está repleto de restaurantes y atrayentes locales de música y chill-out. 

En la orilla del mar, se instalan numerosas filas de tumbonas, sombrillas y camas balinesas. Las que pertenecen a los restaurantes y chiringuitos, son totalmente gratuitas si se consume algo. Un sitio de diversión y ocio donde grupos de amigos se recrean entre música y cócteles. 

También se realizan actividades acuáticas: moto de agua, windsurf, pádel surf y buceo. Es recomendable llevar equipo de snorkel dada la riqueza que ofrece el fondo marino.

Pasamos el resto de la jornada disfrutando del baño en las limpias aguas, así como del largo paseo marítimo y sus alrededores. Para esto último, alquilamos unas curiosas bicicletas eléctricas de madera que se hallan en el mismo paseo. 

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En el Restaurante Franchezco, saboreamos un pescado a la brasa que previamente elegimos de un mostrador, en el que exponen lo capturado en el día y lo venden al peso. Se haya al final de la playa, a pie de mar y nos pareció un sitio ideal al atardecer, cuando el acantilado toma un intenso color dorado. No pudimos encontrarlo, pero hay un sendero para llegar a los restos arqueológicos de la Antigua Thera.

Mencionar también el Tranquilo Beach Bar, en el que además de comida vegetariana y chill-out, elaboran deliciosos cócteles en un ambiente muy distendido.

Volvimos a Firostefani tras otro interesante día de ocio que habíamos exprimido al máximo. 

Cuarto día: Akrotini y la Playa Roja

Akrotiri es un pueblo del extremo sur de la caldera, construido alrededor de las murallas de un castillo veneciano. Próximos, se hallan los yacimientos arqueológicos más importantes de Grecia que fueron encontrados bajo la ceniza del volcán: un asentamiento prehistórico, habitado desde el Neolítico, que vivió su esplendor en la Edad de Bronce. 

Es una magnífica excavación, que se halla cubierta, que desvela viviendas, calles y plazas, y proporciona datos fascinantes de la vida cotidiana de hace más de 3000 años. Un viaje en el tiempo para descubrir la historia de los pobladores de Santorini, antes de la catástrofe volcánica. Resulta muy interesante un video que reconstruye aquel modo de vida a través de las valiosas pinturas murales que increíblemente se han conservado. 

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Una vez en el exterior, tomamos la calle que va hacia el mar. Nos dejamos llevar caminando junto a la costa, atraídas por una pequeña y bonita bahía. Varios pantalanes se adentran en el agua, y sobre ellos se disponen mesitas y sombrillas que invitan a tomar algo y deleitarse con la paz entorno. Nos pareció un sitio muy auténtico. En el muelle contiguo, un cartel informa de que la pequeña embarcación que está allí atracada realiza por 10€ un tour a Playa Roja y a Playa Blanca. A esta última, solo se puede acceder por mar. 

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Después del plácido descanso, reanudamos el camino. A pocos metros, llegamos a la Iglesia de Agios Nikolaos que resulta inconfundible al encontrarse al pie de un precipicio de tierra roja y, que, con la ermita blanca y el azul del mar, crean un pictórico panorama. En el aparcamiento frente a la edificación, abundan quads y motos. Desde la iglesia, sale un camino que sube por la montaña al borde del acantilado. Tras unos minutos, aparece Playa Roja, inconfundible por el color que toman los cortados que la rodean. El camino arcilloso continúa bordeando la colina para bajar a la arena. No bajamos, desde donde estamos hay una bella fotografía de barranco bermellón y aguas turquesas, en las que nadan algunos bañistas. Un barco se acerca a dejar gente en la playa. Vimos que la playa tiene acceso por el lado opuesto, pero desde este punto la imagen es paradisiaca.

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Al atardecer nos dirigimos al Faro de Akrotiri, ubicado en el extremo sur de la media luna que conforma la silueta de Santorini. Aunque no es gran cosa, es otro de los mejores sitios para contemplar la puesta de sol y disfrutar de la grandeza de la caldera desde una perspectiva diferente. Vislumbramos todos los pueblos situados en la arista de la isla, incluso Oia, en el extremo norte. En el interior del arco, se empezaban a oscurecer los islotes. Dispone de un pequeño bar donde comprar un refresco y dirigirse encontrar un buen sitio para sentarse sobre las rocas del acantilado a contemplar el panorama. Otro lugar excelente para la fotografía. El único problema es la carretera, que se colapsa debido a los vehículos y quads que aparcan en el lateral.

Es imposible describir la belleza del anochecer en este escenario único, que muestra la isla en todo su esplendor. Nos llevamos uno de esos momentos mágicos que siempre quedan en la memoria.

Para rematar la jornada, hicimos una parada en Griforis Bakery, una deliciosa pastelería, con un gran surtido de delicados dulces griegos y buen café. Se halla en un cruce en la carretera principal y goza de aparcamiento. Muy recomendable. 

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Con imágenes y sensaciones arraigadas, nos despedirnos de Santorini con cierta tristeza, sabiendo que difícil será volver… Agradecidas por su historia, su arqueología, sus parajes, su cocina de sabores únicos, sus calles de blanco y azul y sus atardeceres... Una isla dotada de hermosura, acompañada de refinado gusto y de un lujo exquisito, donde encontramos belleza por todas partes. Todo un espectáculo.

 

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